Anthony Bermúdez
Anthony Bermúdez
Anthony Bermúdez is a writer from Los Angeles, CA. His piece is titled "Los semáforos y la montaña", and is a flash fiction piece written in Spanish. Despite being a native speaker with Salvadoran heritage, this is Anthony's first piece in Spanish, and he plans to incorporate elements of his bilingualism in future writing projects.
Los semáforos y la montaña
La noche es fría cuando Julio sale de su casa; la neblina besa sus labios en lo que camina a su carro. No es un carro bonito, ni nuevo, pero tiene suficiente potencia para ser divertido. Julio abre la puerta, y se sienta detrás del timón. Prende el motor, rezando que no se despierte su mamá, y sale del garaje.
Al primer semáforo rojo, su celular suena: es Camila, su novia de cuatro años. Apenado, Julio lo deja sonar, y cuando el semáforo se pone verde, aprieta el acelerador. Otra vez, su celular se ilumina, pero Julio no le contesta.
En quince minutos, llega al último semáforo antes de la montaña que vive cerniendo sobre la ciudad. El semáforo se pone rojo, y pide a Julio que no siga por este camino, que no va encontrar nada más que peligro en esa montaña. Pero Julio no le hace caso; solo espera a que se vuelva verde. El semáforo no lo quiere hacer, pero tiene un trabajo, y cuando al fin se cambia de color, mira con un suspiro triste al carro de Julio, empezando a subir la montaña.
Julio pasa por la vista de árboles innumerables, viéndolo con corazones rotos; saben por qué anda por ahí. Las piedras gritan al pasar, y hasta la neblina—quien le dio un beso al salir—intenta distraerlo con su cuerpo, pero solo hace que Julio acelere más.
Cuando llega a la cumbre de la montaña, Julio observa las luces de la ciudad. Desde ahí, puede ver su casa, y la de Camila. Puede ver todas sus historias en esa ciudad: el parque adonde solía ir con su mamá, el estacionamiento donde su papá le enseñó a manejar, la iglesia adonde se casó su hermana, y el cine donde tuvo su primera cita con Camila. Su celular suena otra vez. Julio lo toma en su mano, viendo a su novia en la pantalla, y deja que caiga entre los asientos. Del suelo del carro, toma una botella; donde la neblina le había besado, el whiskey le arde. Con la botella vacía, Julio acelera el motor, y el cielo empieza a llorar.
Lloran y lloran las nubes, y entre más fuerte cae la lluvia, más rápido maneja Julio. En una de las curvas, las llantas se deslizan, y en la siguiente, el carro entero pierde tracción; Julio logra controlarlo, y sigue manejando. Ahora, no solo es el cielo que llora: los árboles, las piedras, y hasta la montaña deja que caigan sus lágrimas. Julio no les hace caso; solo corre por la carretera. Rápido y aún más rápido va su carrito, el motor gritando con toda su fuerza, y dentro de Julio, los latidos de su corazón suenan como un tambor salvaje. Y por todo lo que llora la montaña, su tierra se empieza a despegar, hasta que justo en frente del carro, se desliza completamente. La neblina se da cuenta primero, y se quita inmediatamente de la vista de Julio, y en ese momento, el tiempo se detiene y la lluvia se suspende en el aire.
Una serpiente inmensa, con dos cabezas y miles de ojos por todo su cuerpo esmeralda, volando con las alas emplumadas de una paloma blanca, abre su boca. Enseñando colmillos como vidrio roto, la culebra se lanza hacia Julio, quien se queda inmóvil. Antes de que las fauces de la bestia cierren sobre el carro, una mano monolítica, de los colores de la tierra, agarra la serpiente. Lentamente, la aprieta hasta que los ojos salen de sus cuencas con un rugido. La fiera intentó morderla, pero otra mano aparece de la oscuridad y, firmemente, agarra la cabeza del monstruo. Las manos arrojan la serpiente hacia el cielo, y la bestia vuela hasta que desaparece entre las nubes y la noche.
Julio permanece congelado con terror, esperando a ver que harán las manos. Cuando una se abalanza abierta hacia el carro, Julio sale gritando, el ruido de la lluvia ahogando su voz. Antes de que Julio logre llegar hasta la protección de los árboles, la otra mano lo agarra. El roce es suave y delicado, pero la piel es dura, como si las manos y los brazos de este gigante estuvieran hechos de piedra. «¿Qué haces, chiquitito?» La voz es como el trueno de un cañón; Julio tiembla al escucharlo. Mirando hacia el origen de la voz, se da cuenta de que los brazos pertenecen a la montaña, que se ha vuelto una mujer colosal. Tratando de ver su cara, Julio dirige su mirada hacia la cumbre de la montaña, pero la cabeza se oculta entre la neblina.
«¿Por qué haces esto?» Sentado en la mano, Julio no sabe qué pensar, ni cómo responder. «¿Has llegado a mi montaña para matarte?» Julio no le contesta. «¿Pero por qué?» La voz de la gigante empieza a temblar. «Te di todo lo que pude: te di un hogar, una familia…te di amor ¿por qué te quieres encontrar con esa serpiente?» La gigante empieza a llorar junto al cielo. «¡Ya no sé qué hacer contigo, chiquitito! ¿Qué más te puedo dar para satisfacerte?» Julio le quiere contestar, pero las palabras no le vienen; abre su boca, pero ningún sonido pasa por sus labios. Una cascada de lágrimas cae a su lado, y el llanto de la gigante hace un gran terremoto en la Tierra. Las lágrimas lo arrastran de la mano, y Julio cae de una gran altura. Su grito se mezcla con los de la gigante, y cuando su cabeza está a punto de estrellarse en la carretera, Julio se encuentra en el asiento de su carro, con sus manos en el timón. La serpiente ya no está, y la mujer se ha transformado en la montaña, pero justo en frente del carro de Julio, la pared de lodo y piedras lo espera.
Toma un suspiro, y agarra el timón con más fuerza. Las lágrimas de lluvia empiezan a caer de nuevo, y Julio pone su pie en el freno.